Finalmente salió a la luz la tan esperada película del 2025 “Frankenstein” del director Guillermo del Toro, hace algunos meses antes que se estrenara la ansiada película escribí una columna sobre el mismo tema que decía: “La versión más memorable que se tenga registrada de Frankenstein fue llevada a las pantallas de cine en 1994 por el director Kenneth Branagh, teniendo como protagonista principal a Robert de Niro quien interpreta al temible Frankenstein, una historia desoladora con escenas estridentes que estremecen el alma, no a pocos les roba el aliento y los deja conmovidos hasta el extremo… El director Branagh a parte de dirigirla, también interpreta al científico que le dio vida, compite con una suprema actuación al lado de Robert De Niro quien le da vida al ser resucitado buscando venganza contra su creador”. “El director Guillermo del Toro tiene un reto muy difícil de superar, ya que la última versión de Frankenstein del director Branagh, es una obra maestra llevada a la pantalla con tanta maestría, talento y profundidad que no será fácil superarla o cuando menos igualarla, es una apuesta muy arriesgada… Esperemos que este próximo largometraje del maestro del terror logre superar las expectativas que se tienen, como lo logró con Pinocho.”
Definitivamente el reto que tenía Guillermo del Toro era supremo, mismo que afortunadamente logró alcanzar, no obstante, con un estilo muy propio respecto a la adaptación del guion, que logra narrarlo diferente para que la historia no fuera repetitiva con matices y contrastes, hay algunos detalles que a mí juicio (sin demérito alguno) pudo haber perfeccionado, para que superara por completo a las otras películas de la misma trama, –y aunque no se trata de competencias o comparaciones, una buena crítica cita referentes–, como por ejemplo la protagonización del doctor Viktor Frankenstein, que interpreta el actor guatemalteco Oscar Isaac, aunque es un extraordinario actor, y su papel lo desempeña muy bien, no logra convertirse en el genio científico que a través de su enloquecida obsesión, logra resucitar a una creatura espeluznante que creó con la ciencia de esa época gótica, es difícil que la mente del espectador crea que realmente se trata de un científico europeo como el que describe Mary Shelley en su libro, y aunque no tiene el aspecto, sí el coraje y la determinación que se requiere para interpretar a ese personaje.
Lo mismo sucede con la creatura interpretada por Jacob Elordi, el aspecto del engendro, aunque sabemos que nos muestra a un muy “moderno Prometeo”, un personaje fuera de serie, al principio tiene cierto parecido al anfibio de “la forma del agua”, figurándose un maniquí que no asusta ni espanta como debiera, inclusive su rostro tiene rasgos de cierta “ternura” que son un poco afeminados en algunas tomas, además es difícil aceptar que la joven Elizabeth (Mia Goth) se enamora de él y ambos conviven en una atracción y un encanto placentero de amor a primera vista, cuando se supone que es una bestia abominable que ningún ser humano se le puede acercar, por eso nace su odio contra su creador y la humanidad. No obstante, en el desarrollo de la historia el monstruo cumple su cometido, desempeña un excelente papel como creatura invencible que persigue a su progenitor, matando y devorando a todos a su paso para exterminarlo.
Los detalles de la producción son excelsos; la escenografía es fantástica con estructuras góticas, los efectos visuales son extraordinarios, la vestimenta, la paleta de colores y la fotografía son inigualables, y sus paisajes inconmensurables, la música no deja de emitir suspenso, una gran producción cinematográfica digna de ser premiada en la próxima entrega de los Oscar.
Guillermo del Toro se esmera y nuevamente logra sacar todos los monstruos de su imaginación que habitan en su mente y en su corazón, para entregarnos una historia más de las clásicas de terror con las que ha crecido la humanidad durante los siglos pasados, sin temor a los retos que debía superar con las producciones pasadas del moderno Prometeo que ha ido evolucionando, desde hace más de medio siglo que el cine mostró por primera vez a un Frankenstein de color verde, cara cuadrada, torpe, osco, y grotesco que daba risa más que horror, pasando por el Frankenstein insuperable de Branagh que a todos nos estremeció hasta el alma la crueldad y dramatización de la historia, hasta esta nueva versión que el “padre de los monstruos” cinematográficos nos entrega hoy como una obra maestra del cine de horror.